The first 200 lines.
¡Stanley!
Toma esto. He olvidado algo, vuelvo enseguida.
¡Venga!
¿Qué?
¿Odette?
- Hola. - Hola.
- Hazme un favor. - ¿Solo uno?
Cómprame estas cosas y déjalas en mi apartamento,
son para la cena de esta noche. Es una cena íntima.
He comenzado el día con hora y media de retraso.
- Por supuesto. - Estupendo.
Aquí tienes el dinero, una llave...
y he dejado algo para ti en el armario del dormitorio.
- No tenías que molestarte. - Jamás discutas con un poli.
- Nos veremos. - Adiós.
¿Y la camioneta?
Tranquilo, saben lo que hacen.
Esperan el momento de intervenir.
¿Qué juego os lleváis entre manos? Sólo queremos comprobar la calidad.
Hay que tener mucho cuidado cuando se trata de profesionales.
Manny, ¿qué haces?
¿Por qué enfocan al rostro de Steve McQueen?
¿Recuerdas esa escena de la película?
- Alquilé la cinta, ¿sabes? - No perdamos el tiempo.
Enséñenos la mercancía.
Creo, amigos, que vais a cargaros
a todos los distribuidores de coca del sur de Atlanta.
Es de primera calidad.
No ha sido adulterada, es pura cien por cien.
Era lo que buscábamos.
Andando.
Cerraremos el trato, sí.
¿Quién es ese? Dijiste que nadie conocía este lugar.
Hablaremos de dinero otro día. ¡Vámonos, Manny!
¡Quietos! ¡Brigada antivicio!
¡Las manos detrás de la cabeza!
¿En qué lío nos has metido?
- Quiero ver a mi abogado. - Cállate.
Creo que se ha equivocado.
Lo veremos en el juicio.
No lo olvidaré mientras viva. La brigada antivicio
incautando azúcar para refrescos.
¿Qué?
Ha sido una trampa, acabo de darme cuenta.
Edulcorante artificial.
Esos tipos no van por drogas sino por supermercados.
Quieren introducirse en el negocio de la dieta calórica.
¿Quién querría engañarles con un cargamento de edulcorantes?
Pues no lo sé. Se llama Crown y su compinche Izzy.
¡Venga, lleváoslos! ¡Fuera!
¡Imbéciles!
- Ahora hay que buscar a Izzy. - Tengo que comer.
COMPRADA AL CONTADO
¡Qué maravilla!
Te dije que me dejaras en paz.
No puedo, encanto.
No.
Por favor... No.
No me hagas daño.
Estás guapa.
No.
Por favor.
No te preocupes si llegas tarde.
Tardaré un poco en hacerla cena.
- ¿Un compromiso? - ¿Qué pasa?
No, otra vez será. Claro.
Adiós.
¡No te preocupes!
Claro, adiós.
¡Mierda! ¡Vaya día...!
Espera, no se ha perdido todo.
Anota lo que te he dicho, ¿vale?
- Sonny. - ¿Qué?
¿Quieres venir a cenar?
Bueno.
Bueno.
Odette.
Cálmate, Odette.
Calma.
¡La han violado!
¡Fuera! ¡Sal de ahí!
Y pon las manos donde pueda verlas.
- Calma. - Apóyate en el coche.
- Tranquilo. - ¡Vamos, enseguida!
Este coche vale cien mil dólares.
No lo estropees.
- ¿De qué se me acusa? - Escoge.
Resistencia a la autoridad, conducción temeraria o violación.
¿Violación?
Acertaste, amigo, violación.
Escúcheme, muchacho.
Soy rico y guapo
Las mujeres más guapas de Miami me persiguen.
- ¿Por qué violarlas? - No soy tu psiquiatra.
Acabo de enterarme.
Odette, cuéntamelo de nuevo, necesito más detalles sobre él.
Ahora no estoy para nada.
¿Diga? Sí, un momento. Agente...
Es para usted.
Trudy, ocúpate tú.
- Calabrese. - ¿ Gina?
- ¿Sonny? - ¿Cómo se encuentra?
- Asustada, ¿qué esperabas? - Sí, claro. Es normal.
Oye, no estoy de buen humor.
- ¿ Dónde te has metido? - Vi salir a un guaperas del edificio.
Logré detenerle cerca de la autopista,
donde tuvimos una pequeña charla.
- Le están tomando declaración. - ¿Qué aspecto tiene?
Latino. Unos 25 años, cabello oscuro, se llama Nico Arroyo.
No es él, Odette dice que era un gringo,
rubio.
¿Sonny?
Sí, estoy aquí.
- No, no quiero. - Venga.
Tengo que colgar, gracias por intentarlo.
- ¡ Por favor! - Tranquila.
- Por favor, déjeme. Gina. - No se preocupe.
Gina, quiero irme a casa.
Deben examinarte para comprobar tu estado,
- se aportará como prueba. - Pero...
Tranquila, estaré contigo.
Vamos, ya he dejado la fianza.
¿No se disculpa?
Usted me da asco.
Le daré un consejo.
Cambie de colonia, huele a furcia barata.
¿Qué se ha creído? Cuesta cien dólares el frasco.
Lávese o le encierro por contaminación.
Tranquila, Gina,
llévala a su casa.
Ya ha regresado el cazador de hombres blancos.
¡Qué rapidez! Las malas noticias viajan deprisa.
- El tal Nico Arroyo, ¿tiene dinero? - Está podrido.
- Echa un vistazo a su Lamborghini. - Eso encaja.
Se lo saca a su padre, el General Octavio Arroyo.
Creí que conocía a todos los cabecillas de la mafia.
En Bolivia era uno de ellos,
pero resultó salpicada en una operación.
Tuvo que largarse pero antes dejó bien atados los cabos
y robó algo del tesoro nacional.
Lo suficiente para comprar una casa en Cay Biscayne
y tres o cuatro bancos en Miami.
Ni que fuera su propia casa.
Ha dejado un montón de huellas, hasta dela palma dela mano.
Llévalas al laboratorio, sobre todo estas.
¿Cómo es ese hijo de Arroyo?
Si ser chulo fuera delito, le caería la perpetua.
Huele esto.
Apesta, ¿eh? Debe de bañarse en colonia.
- Es colonia de hombre. - ¿Ah sí?
Sí. Creo que se llama «Guerrero Irresistible».
Te compraré un frasco para tu cumpleaños.
¿Con lo que te pagan? Cuesta 70 pavos el frasco.
- Más de cien. - ¿Qué?
Métela en la cama, volveremos más tarde.
Sonny.
Esta es Annie, compañera de Odette.
- Hola. - Hola.
¿Sabes algo?
Ven.
Está mintiendo.
¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
El tipo al que atrapé...
usaba esa colonia tan cara.
El vestido que le diste a Odette apestaba.
Hace meses que la conozco, no miente.
Ese Arroyo, ¿quién es?
Un imbécil con dinero,
hijo de uno que fue general en Bolivia.
Odette trabajó para un boliviano, un general.
¿Vive Arroyo en Cay Biscayne?
No me dejaba tranquila, siempre tocándome
y diciendo obscenidades, y queriendo hacer el amor.
Cuando la Sra. Sánchez, el ama de llaves,
me habló de la otra chica, me fui.
- ¿Qué otra chica? - Trabajaba en la casa antes que yo.
La señora me dijo que la violó.
Gina...
¡No pude!
Tenía un cuchillo, ¿qué podía hacer yo?
¡Lo sé!
No podías hacer nada, pero ahora sí.
- ¡Presenta una denuncia! - ¡No!
Dijo que si lo contaba a alguien me mandaría a Haití.
¡No puede hacerlo!
- Vives aquí legalmente. - Es hijo de un general,
un hombre rico y poderoso. Yo no soy nadie.
En Haití un hombre como el General Arroyo lo puede todo.
¡Esto no es Haití!
Y tú eres una ciudadana más,
aunque ese hombre pretenda lo contrario.
Odette, soy tu amiga
y no haré nada que te perjudique, lo sabes, ¿verdad?
- Sí. - Entonces debes creerme.
No importa lo que diga, nadie te repatriará.
Lo que te ha hecho es una canallada y debe pagar por ello.
¿Lo entiendes?
Bien.
¡Alto!
¡Quédese donde está!
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