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ANTERIORMENTE
Las pelosas... ¿Dónde están?
Esperaba encontrar a mis amigas.
Bueno, una cosa es lo que buscas y otra es lo que encuentras, ¿no?
Esta magia... ¿Podrías enseñarme a...
blandir un bastón?
Siempre puedes usarlo, si demuestras ser digno de él.
Valandil me cuenta que, en el barrio antiguo,
se rezan oraciones noche y día por vos.
Fuisteis vos quien reabrió mi corazón al camino de los Fieles.
Juntos podemos combatir.
No todas las batallas se libran para vencerlas.
Informad al carcelero de que él ha incitado el levantamiento.
Las cantantes de la piedra dicen que oyen la montaña...
Pero con este anillo yo puedo verla.
Apenas hemos extraído un dedal del océano de sus riquezas.
Ha cambiado, la codicia no es su estilo. Nunca lo ha sido.
¿Es posible... que el anillo que lleva...?
No. Sencillamente no puede haber un defecto en vuestros anillos.
¡Pues tal vez el defecto está en el forjador del anillo!
¿Cuánto sabéis realmente de ese tal Annatar?
Dime si... alteraste los anillos enanos. ¿Sí o no?
No. Lo hicimos ambos.
Debemos reparar nuestros errores
completando el conjunto de los anillos.
Los nueve deben... redimir los siete.
Deben redimirnos a todos.
Los orcos no están en Mordor.
Hay una legión dirigiéndose hacia Eregion.
Galadriel tenía razón. Debéis mandar el ejército a Eregion ahora mismo.
Te he traído aquí
no como prisionera,
sino como posible aliada.
Porque tenemos un enemigo común.
EL SEÑOR DE LOS ANILLOS LOS ANILLOS DE PODER
Nos llamarán desertores.
Me da igual cómo nos llamen.
Es mejor que morir ayudando a Adar a perseguir a un fantasma.
Anillos de los hombres...
¿Por qué seguís rehuyéndome?
Sin hálito ni vida... ni poseéis mente ni voluntad.
¿Qué orgullo albergáis en lo más hondo...
que os resistís a mi mano?
Otra vez.
Más plata, más mithril .
Ya no queda más mithril .
Los enanos se han retrasado en la entrega.
Pues reclamad.
Lo hemos intentado, mi señor. No han respondido a los despachos.
¿Tengo que hacerlo todo yo?
Trabajamos con ahínco. Nos esforzamos.
Hemos reparado que parecéis...
especialmente malhumorado últimamente, mi señor.
¿Cómo te llamabas, herrera?
¿Por qué? ¿No os acordáis?
Claro que me acuerdo. Es que...
- Déjame. - Señor Celebrimbor.
¡Que me dejéis, os digo!
Tomaos todos un descanso.
Mirdania. Se llama Mirdania.
No esperarás poder recordarlo todo...
Es que son... cosas sencillas, incluso.
Antes habría jurado que dejé mi martillo justo aquí, y...
¿Ese martillo?
Sí.
Se me va la cabeza.
O te has metido tan dentro de esto...
que volver a salir te resulta una gran carga.
Tan absorto que...
en ocasiones debes sentir la tentación...
de quedarte en ello un rato más, para ver con más claridad.
Estoy bien.
Solo estoy fatigado.
Entonces me temo que te enojarán las nuevas que traigo.
Tu pueblo te pide audiencia.
No, no.
Eres el Señor de Eregion. Tienes responsabilidades.
Sí, y mi mayor responsabilidad son los anillos.
Hasta que termine los nueve...
solo importa eso.
Muy bien.
Como desees.
Ah, hay algo más.
Los enanos... se retrasan con el mithril .
¿Puedes... ocuparte tú?
Enseguida.
El mayor de los herreros elfos está abrumado de trabajo.
Me ha pedido que me ocupe en su lugar de todos los asuntos administrativos.
Decid, ¿cuál es el problema?
Mostrádselo.
¿Mostrarme qué?
En esta entrada suele haber bullicio
de artesanos y mercaderes que llegan a la ciudad.
Pero anoche se interrumpió misteriosamente.
Una partida fue a la otra orilla del río
para ver si había obstáculos en el camino.
- Solo regresó un soldado. - ¿Dónde está?
El agua lo ha traído.
Y, por lo visto, con un mensaje.
Enterradlo.
Que nadie lo vea.
¿Debo informar al señor Celebrimbor?
No.
Me ha pedido que yo me encargue y nadie puede molestarlo.
Ni siquiera los herreros.
¿Nos ha despojado de nuestra función?
Sí, eso me temo.
¿Fue por ese asunto de que olvidara mi nombre?
Sé que fui brusca con él, pero...
Él no está bien, Mirdania.
Lo único que podemos hacer es dejarlo a solas,
darle tiempo y rezar.
Para que termine el trabajo antes de que este termine con él.
¿Puedo confiar...
en que te harás que los demás respeten también sus deseos?
Por supuesto, mi señor.
Mi señor, la marca...
En el cadáver.
¿Qué decía?
"¿Dónde está él?".
Durante el tiempo que estuve en tu custodia,
parecías decidida a encontrar a Sauron.
Podría decirse incluso que... corroída por ello,
como les ocurre a todos en cuyas mentes entra con sigilo.
No sabes nada de mi mente.
Tú cediste ante él. Yo me resistí.
Por un tiempo, quizá.
Tarde o temprano él ve en ti
no solo quién eres,
sino quién deseas ser.
Su ojo abre un hueco y el resto de él entra serpenteando.
Mientras tanto, es capaz de hacerte creer que su poder... ha pasado a ser tuyo.
Un poder irresistible
que hace que parezca inevitable el cumplimiento de cualquier deseo,
un océano de color...
ante el cual todo lo demás parece, a partir de entonces...
De un gris insulso.
¿Qué te prometió?
Un ejército.
¿Quieres saber qué me ofreció a mí?
Me da igual.
Hijos.
A los dos nos ofreció nuestros deseos.
Verás, no son sus mentiras lo que debería desaparecer.
Es él.
Y yo puedo ayudarte a lograrlo.
Ayudarte a destruir a Sauron.
¿Qué ayuda puedes ofrecerme tú, orco?
Uruk...
La corona de Morgoth. Pero me dijeron que...
Mucho se ha dicho sobre lo que pasó
después de que extrajeran los Silmarils de sus engarces.
Pero yo estaba cuando Sauron la volvió a forjar para él.
Yo estaba cuando se arrodilló para ser coronado.
Y yo fui el que usó su poder para darle muerte.
Si lo que dices es cierto,
¿por qué ha regresado?
Porque yo aún no te había encontrado.
¿Qué papel desempeño yo?
Se dice que los tres anillos élficos salvaron de la mengua a tu raza.
¿Es verdad?
Si es así, tal vez...
esta corona y tus anillos juntos
sean lo bastante poderosos para destruir a Sauron para siempre.
El Impostor cree que sigue estando fuera de mi alcance.
Pero sé que se oculta en Eregion.
Y sospecho que tú sabes...
que Halbrand es Sauron.
¿No es así?
La suerte de esa ciudad...
reside en tu capacidad de dejar a un lado tu orgullo.
Te recomiendo que tengas la voluntad de hacerlo.
Si puedes.
Volveremos a hablar.
Incumplimiento de la ley,
instigación a una conflagración violenta que ha causado víctimas.
Y, por último, lo más detestable,
el crimen de la alta traición.
En suma, estas horribles infracciones de la ley justifican la pena de muerte.
¡Sí!
Sin embargo,
dados sus numerosos años de leal servicio a nuestro reino,
el dictamen de este tribunal es que el acusado sea puesto en libertad.
¡En libertad!
En libertad, siempre que se retracte de su delito
y jure lealtad al verdadero soberano de Númenor.
Elendil, hijo de Amandil, ¿te retractas de tus delitos?
Sí.
¿Y aceptas a Ar-Pharazôn como el verdadero rey de Númenor?
No acepto.
Habla más alto, Elendil,
para que los aquí reunidos puedan oírte bien.
¡No acepto!
La verdadera soberana de Númenor es ahora y hasta el fin de sus días
¡Miriel, hija de Tar-Palantir!
Y aquí el único traidor... eres tú.
¿Ahora qué hacemos con él?
Tú ya has hecho bastante.
Quizá deberíamos dejar que los Valar decidan su suerte.
Si los Fieles desean vivir según las viejas tradiciones,
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