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Inés Molina, ¿quieres recibir por esposo a Tomás Ribó?
Sí, quiero.
Inés.
¡Joder!
Estás rarísima.
-Si te lo digo es porque te quiero. -¿Y por qué te follabas a mi marido?
Lo sabe, Antonio.
He pedido que se hagan variaciones en el acuerdo de separación.
¿Qué tipo de variaciones?
De la clase si tú me jodes, yo te jodo a ti.
Me arriesgo a ir a la cárcel por estar contigo.
Pues no es suficiente.
Tiene una pinta de loba que te cagas.
¿Qué cojones dices tú, eh, gilipollas?
Es una mierda saber que te follas a mi padre.
Pues imagínate lo que es para mí.
-Espera, deja que te explique. -No tienes nada que explicarme.
Mira qué visita tan maravillosa tenemos.
Ainara, ¿qué haces aquí?
Hola, Hugo, ¿qué tal?
¿Nos vamos y dejamos a la juventud con sus cosas?
¡Inés!
Vamos, cariño.
Esperemos que tengan fuera de carta esa gamba roja tan exquisita.
Es que si no fuera así, sería casi un pecado.
Ay, Tomás, qué cosas dices.
Casi pecado
-Hola, Ainara. -Hola, Hugo.
Inés.
Inés, cariño.
Te estaba preguntando José María si vas a querer vino blanco o tinto.
Me da igual.
¿Qué vas a cenar?
Porque si vas a cenar pescado, mejor blanco.
Nosotros vamos a pedir todos pescado.
En este restaurante, está fresquísimo el pescado.
No deberías dudarlo.
Hay una merluza de pincho que está deliciosa
y hacen un pilpil que no te lo puedes creer.
¿Tú no sabes que lo del blanco para el pescado
y el tinto para la carne está ya superado?
¿Qué?
Cariño, es que nosotros somos muy clásicos por lo visto.
Bueno, parece que Inés ha dado un curso de sumiller
sin que yo me haya enterado.
Rosado entonces.
Medio blanco y medio tinto.
¿Te parece?
Un rosado está bien, Soledad.
Disculpad un momento, no me encuentro bien, voy al baño.
-Te acompaño. -No.
Bueno, eh...
¿Vamos a por esas gambitas?
-Quédese con el cambio. -Gracias.
-¿Está mi ensalada? -Sí, claro.
Vente.
Cógelo.
Cógelo.
¿Los platos dónde?
Los platos en esa vitrina y las servilletas en este cajón.
¡Qué bien huele eso!
Me muero del hambre.
O sea que me vas a coger un trozo, ¿no?
Bueno, un mordisco si me das.
Bueno, me lo pensaré.
Ocupado.
Inés.
Inés, me manda Tomás.
Inés.
¡Inés, Dios mío!
Venga.
Ven conmigo, ven.
Ven, vamos.
Ven, acompáñame.
Ven, vamos.
Que no sea nada, Inés.
-Adiós. -Adiós.
Siento dejaros tirados.
Ya cenamos otro día.
No te preocupes, nosotros nos cogemos un taxi.
Lo importante es que se ponga bien.
Disculpadla.
Francamente, no sé qué es lo que le pasa.
-Gracias. -Buenas noches.
Disculpe.
¿Qué hacíais con las luces apagadas?
-¡Mamá! -Ver una peli.
Os he estado llamando y no me habéis cogido el teléfono.
-Ah, ¿sí? -¡Sí!
Por Dios, que estamos aquí y ni nos hemos enterado.
¿Desde cuándo no te das cuenta de que te suena el móvil?
¡Si es lo único que haces en todo el día, estar con el puto móvil!
Inés, ¿qué pasa? ¿A qué ese tono?
¿Te parece normal que los dejemos solos y nos ignoren así?
Son tu hija y mi hijo.
Hace menos de una hora que hemos salido, tranquilízate.
Lo de tranquilizarse no sabe lo que es.
¡Y tú no sabes lo que es tratarme con respeto!
Estás fatal. ¿Cómo puedes ser tan puto controladora?
¿Y tú cómo puedes ser tan maleducada?
¡Si os llaman vuestros padres, lo mínimo es contestar!
-¡Mi padre no ha llamado, joder! -Hugo, la palabrota sobra.
Aquí sobran muchas cosas, papá.
Me voy a mi cuarto.
Ainara, encantado.
Igualmente.
La peli ha estado guay.
Bueno, hasta que nos han interrumpido.
Yo también me voy a la cama.
-Tomás, buenas noches. -Buenas noches, hija.
A ver lo que tardan en cansarse de ti.
Al parecer, ya te encuentras mejor.
Perdóname, no sé qué me ha pasado.
¿Quieres que llame a José María y a Soledad y les pida disculpas?
No, no, déjalo estar.
Vete a la cama.
¿Y tú?
Yo voy a dormir en el estudio de abajo.
Así no te molesto.
Buenos días.
Hugo, siento mucho lo de ayer, perdóname.
Hola, mi amor, buenos días.
He hecho huevos revueltos como a ti te gusta.
-No tengo hambre. -¿No?
Pues bébete un zumo por lo menos.
Cariño, siento mucho lo de ayer.
Ya sabes que me pongo muy nerviosa cuando no me coges el teléfono,
pensaba..., pensaba que te había pasado algo,
pero quiero que sepas que estoy muy contenta
de que estés aquí y de que podamos pasar más tiempo juntas.
¿Sí?
Si quieres, cuando salgas del colegio, te...
Me piro.
¿Ha venido tu padre?
-Nos vemos por La Marina. -Nos vemos.
Chao.
Yo no soy tu hija, Inés.
Y sé perfectamente a cuento de qué vino lo de ayer.
No confías en mí.
No, no es verdad, no digas eso, por favor.
Mira, Inés, yo tengo que aguantar
cómo te vas todas las noches a la cama con mi padre, ¿eh?
¿Y tú crees que me voy a enrollar con tu hija?
No.
-No digas eso. -Acojonante.
Perdóname.
Veo que te has levantado temprano para cocinar.
Sí.
Pero parece que nadie tiene hambre esta mañana.
¿Por qué será?
-Me tengo que ir. -¿Me llevas?
Claro.
Ya le llevo yo, tú vas con prisa.
Me cae de paso.
Vamos, hijo.
A mí no me cuesta nada y así salgo de casa.
Te veo esta noche.
Inés, deja de comer, por Dios.
Siempre soñé con tener una hija que se pareciese a mí,
pero se ve que no se puede tener todo en esta vida.
Perdone, señor, ¿le puedo ayudar?
Soy el marido de Inés Molina.
Ah, disculpe, es que soy nueva.
Pues justo acaba de terminar su visita.
Iba a venir con ella, pero...
me retrasé por una reunión..
Bueno, si quiere, puede pasar, pero cinco minutos, ¿de acuerdo?
Por aquí.
Por favor, no altere a su suegra.
Está atada, pero puede hacerse daño o tener una crisis.
¿Qué haces aquí?
Sigues enfadado.
Lo he estropeado todo, perdóname.
Tenías que haber dejado que me hundiera en el mar.
Pues sí.
Por lo menos, un rato.
Un rato largo.
Te dije que cuidaría de ti.
Debería ser yo la que cuidara de ti.
Pues cuidémonos los dos.
Papá.
¡Mierda!
¡Mierda!
¡Mierda!
Joder.
Joder.
Papá, espera.
Papá, por favor.
¿Podemos hablar?
¿Eh?
-Papá. -Pero ¿esto qué es?
Papá, por favor.
Papá, vamos a hablar, ¿vale?
-¿Esto qué es? -¿Eh?
¿Qué estáis haciendo? ¿Qué cojones es esto?
-Papá. -Os he visto.
-¿Qué estás haciendo? -Papá.
-¿Qué coño estabais haciendo? -Por favor.
-¡No me toques he dicho! -¡Por favor!
¿Qué cojones es esto?
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