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Y ella le preguntó:
"¿Cómo será?
El Reino".
Y él dijo:
"Es como una semilla.
Un sólo grano de mostaza...
que una mujer tomó y sembró en su huerto.
Y creció y creció.
Y las aves del cielo anidaron en sus ramas...
JUDEA, 33 E.C.
EL IMPERIO ROMANO HA NOMBRADO A UN DIRIGENTE TÍTERE,
HERODES ANTIPAS, PARA GOBERNAR AL PUEBLO JUDÍO.
LA PAZ ES FRÁGIL. LA SEDICIÓN CRECE.
COMO PROFETIZARON LAS ESCRITURAS,
EL PUEBLO ESPERA AL MESÍAS QUE PONDRÁ FIN AL DOMINIO ROMANO...
Y DARÁ PASO AL REINO DE DIOS EN LA TIERRA.
¡María!
¡María!
¡María!
María.
Debes decírselo. No puede cortarla.
- No hay tiempo. - No la cortes.
Tiene que empujar.
No sirve de nada. El bebé no puede salir.
Debes hallar la forma.
Puedo intentar abrirla más,
pero debe estar totalmente quieta.
Ay, no.
¡No!
- Lea. - ¡No!
- Lea. - ¡No!
- ¡No! - Mírame. Lea, mírame.
Mírame.
Debes estar quieta.
- Me hará daño. - Sí.
Sí, pero sólo un momento para que el bebé pueda salir.
Puedes soportarlo. Sé que puedes.
Mírame.
Mírame.
Yo estaré a tu lado. No te soltaré.
Estoy aquí.
¿Puedes quedarte quieta?
Sí.
Sí.
Raquel, ven.
Sujétale los hombros.
Gracias. Sujétala fuerte.
- Que no levante la pierna. - Mírame.
Mírame.
Todo saldrá bien.
Mantenla quieta.
Otra vez.
Hermano, qué niño tan hermoso.
Precioso.
Felicidades, Aarón.
Gracias, José.
¿Cómo está ella?
María la ha ayudado.
Según la partera es innato en ella.
¿No lo es en todas?
Deben estar orgullosos de su hermana.
"Alzo mis ojos a las montañas".
"¿De dónde vendrá mi auxilio?"
Efraín cenará mañana con nosotros.
Ya lo conoces.
Conocía a su esposa.
Es un buen hombre.
Sus hijos necesitan una madre.
Ha preguntado por ti.
Tú me necesitas.
A Dios le complacería que fueras madre.
Y a mí también.
¿José va otra vez a oír hablar a ese hombre?
Esta semana ha ido cada día.
Qué suerte tener tanto tiempo libre.
Vas a estar preciosa.
Es muy espaciosa. Y cálida.
Nuestra casa es tuya, Efraín.
Suficiente para la familia.
Ven. Déjalos aquí.
Sí, estupendo.
Me alegra recibirte aquí por fin, Efraín.
Tienes una hermosa familia, Eliseo.
- Niños, vengan a conocer a Efraín. Vamos. - Hola, Efraín.
Este sanador es diferente.
Por lo que hace, por lo que dice.
¿De qué ha hablado?
De un mundo nuevo.
Un mundo justo, libre de tiranía.
Un Reino sagrado.
Le ví curar a un hombre junto al faro.
Ese del mercado que siempre grita.
Dicen que intentaron sacarle al demonio.
¿Entonces qué es, un profeta?
Estaba con el Bautista.
¿En el Jordán?
Juan el Bautista era un verdadero profeta.
Tú siempre lo has dicho. Por eso Herodes lo mató.
Ya es suficiente.
¿Por qué no podemos hablar?
Porque son malos tiempos para bautistas.
O para profetas.
O para rumores, de hecho.
Deben engendrar muchos hijos, Efraín.
Que los ángeles brillen sobre ustedes dos.
Quizá podríamos viajar juntos por la Pascua.
Yo visito Jerusalén siempre que puedo.
¿María? ¿Dónde estás?
¡María!
¡María!
¿María?
¿María?
María...
Dime cómo ayudarte.
¡Avisa a su padre y a Daniel!
María.
María, dime cómo ayudarte.
María.
¡María!
¡Vergüenza!
Has avergonzado a la familia.
¿Qué creías que hacías?
Necesitaba orar.
Para decidir.
¿Decidir?
Escucha.
Oras durante el servicio, con las demás mujeres.
Oras en casa con tu familia.
¡Pero no corres en plena noche como una loca errante!
No puedo casarme. No estoy hecha para esa vida.
¿Y para qué estás hecha, entonces?
¿Quieres que te vende los pechos?
Y te afeite la cabeza...
para convertirte en hombre?
Así podrás orar cuando quieras.
Manchas la memoria de nuestra madre.
Esta vez te vas a casar.
La has consentido demasiado, padre.
María.
María.
Levántate.
¿Qué ocurre?
Padre te espera.
Queremos enseñarte algo.
Daniel.
¡Daniel!
¿Qué sucede?
Vuelve a dormir.
¿Adónde la llevas?
¡Daniel!
¿Madre?
No pasa nada.
Todo saldrá bien, María.
No tengas miedo.
¿Qué hacés?
Hay algo antinatural en ti.
¿Padre?
Abandónala y vete de aquí.
¿Padre?
Silencio, silencio, silencio.
Este no es tu sitio.
¡Basta! Padre.
Sal, demonio. Sal, demonio.
¡Fuera!
Sal y vete.
¡Estate quieta! Quieta.
¡No!
Abandónala y vete de aquí.
Silencio, silencio, silencio.
¡Fuera!
¡Daniel!
¡Déjala en paz!
- ¡Padre! - ¡Déjala!
Déjala en paz.
¡Basta!
¡Basta!
María.
Padre.
Por favor.
Déjame traer al sanador.
Sí.
No habla conmigo.
Ya no la reconozco.
La veré a solas.
Tu familia dice que luchas contra el demonio.
Si está dentro de mí, siempre ha estado ahí.
Ojalá hubiera un demonio.
¿Porqué?
¿Qué temes de ti misma?
Mis pensamientos.
Mis anhelos. Mi desdicha.
Temo avergonzar a mi familia.
Y les avergüenzo.
No soy como debería de ser.
¿Qué es lo que anhelas?
No estoy segura.
Conocer a Dios.
Sin embargo, has sentido la presencia de Dios.
A veces, en la quietud, creo que la siento.
Siempre ha estado ahí.
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