Les 200 premières lignes.
Capítulo uno
Había una vez...
en la Francia ocupada por los nazis
Vuelve adentro y cierra la puerta.
Julie, tráeme agua para que me lave...
...luego vuelve a entrar con tus hermanas.
Listo, papá.
Gracias, querida...
...ahora entra con tus hermanas.
No corras.
¿Esto pertenece a Perrier LaPadite?
Yo soy Perrier LaPadite.
Es un placer conocerlo, Sr. LaPadite...
...soy el coronel Hans Landa, de la SS.
¿En qué lo puedo ayudar?
Esperaba que me invitara a entrar a su casa...
...para poder conversar.
Por supuesto. Después de usted.
Coronel Landa, ésta es mi familia.
El coronel Landa, de la SS...
...señorita...
...a su servicio.
Los rumores que oí en el pueblo sobre su familia son ciertos.
Sus hijas son adorables.
Gracias.
Por favor...
...siéntese.
Suzanne, tráele vino al coronel.
No.
Muchas gracias, Sr. LaPadite, nada de vino.
Como es productor de lácteos, asumo que tendrá leche.
Sí.
Prefiero leche, entonces.
Muy bien.
Julie, ¿cerrarías la ventana?
Gracias.
Señor, lo felicito por su familia...
...y sus vacas.
Gracias.
Sentémonos a la mesa.
Muy bien.
Sr. LaPadite...
...nuestra charla debería ser privada.
Notará que dejé a mis hombres afuera.
Si no las ofende, ¿podría pedirle a sus hijas que salgan?
Tiene razón.
Charlotte, ¿Ilevarías a las niñas afuera?
El coronel y yo debemos conversar.
Sr. LaPadite...
...lamento informarle que he agotado mi francés.
Si sigo hablándolo tan mal, sólo me pondré en vergüenza.
Sin embargo, oí que habla inglés muy bien.
Sí.
Yo también. Como estamos en su casa...
...le pido permiso para continuar en inglés...
...nuestra conversación.
Por supuesto.
Aunque yo los conozco a usted y a su familia,
no sé si usted sabe quién soy yo.
¿Conocía mi existencia?
- Sí. - Eso es bueno.
¿Conoce el trabajo que me han ordenado hacer en Francia?
Sí.
Dígame qué ha oído, por favor.
Oí
que el Führer le encargó atrapar a los judíos que quedan en Francia
que se esconden o se hacen pasar por gentiles.
El Führer no lo podría haber dicho mejor.
Pero el significado de su visita,
aunque es un placer recibirlo, sigue siendo un misterio.
Los alemanes buscaron judíos escondidos en mi casa hace nueve meses
y no hallaron nada.
Lo sé.
Leí los informes de la zona.
Pero como cualquier tarea, cuando hay un nuevo jefe,
siempre hay una duplicación de esfuerzos.
La mayoría es una pérdida de tiempo, pero hay que hacerlo igual.
Sólo tengo algunas preguntas.
Si puede responderlas,
mi departamento cerrará el expediente de su familia.
Ahora,
antes de la ocupación, había cuatro familias judías en la zona,
todas productoras de lácteos como usted.
Dolerac, Rollin, los Loveitt
y los Dreyfus.
¿Es correcto?
Hasta donde yo sé,
ésas eran las familias judías entre los productores de lácteos.
¿Le molesta si fumo mi pipa?
Por favor,
es su casa, póngase cómodo.
Según estos papeles,
se conoce el paradero de todas las familias judías,
excepto el de los Dreyfus.
Parece que se desvanecieron en algún momento del año pasado.
Por lo que concluyo que lograron escapar
o alguien los esconde con mucho éxito.
¿Qué ha oído de los Dreyfus?
- Sólo rumores. - ¡Adoro los rumores!
Los hechos pueden ser engañosos,
pero los rumores, verdaderos o falsos, suelen ser reveladores.
Sr. LaPadite,
¿qué rumores ha oído sobre los Dreyfus?
Es sólo un rumor,
pero oí que lograron Ilegar a España.
¿Oyó rumores de que escaparon?
Sí.
Ya que nunca conocí a los Dreyfus, ¿confirmaría
los miembros de la familia y sus nombres?
Eran cinco.
Jacob, el padre.
Miram, su esposa.
El hermano de ella, Bob.
¿Cuántos años tiene Bob?
Treinta, treinta y uno.
Continúe.
Y sus hijos:
Amos
y Shosanna.
¿Sus edades?
Amos tenía nueve o diez.
- ¿Y Shosanna? - Shosanna tenía
18 ó 19. No estoy seguro.
Creo que eso es todo.
Antes de irme, ¿me daría otro vaso de su deliciosa leche?
Por supuesto.
Sr. LaPadite,
¿conoce el apodo que me han puesto los franceses?
No me interesan esas cosas.
Pero sabe cómo me llaman.
Lo sé.
¿Qué sabe?
- Lo llaman "el Cazador de judíos". - Exacto.
Comprendo su temor de repetirlo.
Heydrich parece odiar el apodo
que la buena gente de Praga le ha otorgado.
No comprendo por qué odia el mote de Verdugo.
Ha hecho todo lo posible por ganárselo.
Yo, por otro lado, adoro mi título no oficial,
precisamente porque me lo he ganado.
Lo que me hace tan eficiente como cazador de judíos,
a diferencia de la mayoría de los soldados alemanes,
es que yo puedo pensar como un judío,
mientras que ellos sólo pueden pensar como alemanes.
Más precisamente, como soldados alemanes.
Si pudiéramos determinar qué atributo comparten los alemanes y una bestia,
sería el instinto astuto y depredador del halcón.
Pero si pudiéramos determinar qué atributo comparten los judíos y una bestia,
sería el instinto de la rata.
El Führery la propaganda de Goebbels han dicho lo mismo.
Nuestras conclusiones difieren
en que yo no considero que la comparación sea un insulto.
Piense cómo es el mundo de una rata.
Es un mundo hostil.
Si una rata correteara frente a su puerta,
¿la recibiría con hostilidad?
Creo que sí.
¿Alguna rata le ha hecho algo para crear esta animosidad?
Las ratas transmiten enfermedades. Muerden a la gente.
Las ratas causaron la peste bubónica, pero eso fue hace tiempo.
Cualquier enfermedad que pueda transmitir una rata
puede ser transmitida por una ardilla.
¿Estaría de acuerdo?
Creo que no tiene la misma animosidad hacia las ardillas
- que tiene hacia las ratas. - No.
Ambos son roedores, ¿no?
Salvo por la cola, hasta se parecen.
Es un pensamiento interesante.
Aunque sea un pensamiento interesante,
no hace ninguna diferencia en cómo se siente usted.
Si entrara una rata en este momento,
¿le daría un plato de su deliciosa leche?
Probablemente no.
Eso pensé.
No le gustan.
No sabe por qué no le gustan.
Sólo sabe que le repugnan.
En consecuencia, un soldado alemán revisa
una casa donde se sospecha que hay judíos escondidos.
¿Dónde busca?
Busca en el granero, en el ático, en el sótano,
en todos los lugares donde él se escondería.
Pero hay muchos lugares donde no se le ocurriría buscar.
El Führer me sacó de mis Alpes en Austria
y me trajo al campo lácteo francés porque a mí sí se me ocurre.
Estoy al tanto de las tremendas hazañas de que son capaces los hombres
cuando pierden su dignidad.
¿Puedo fumar mi pipa yo también?
Siéntase en su casa.
Mi trabajo indica
que mis hombres entren en su casa
y la revisen exhaustivamente
antes de poder tachar su nombre de mi lista.
Si hay irregularidades, le aseguro que las encontraremos.
A menos que tenga algo que decirme
que haga que el registro sea innecesario.
Además, cualquier información
que facilite mi tarea no será castigada.
Por el contrario, será recompensada.
La recompensa será
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