De første 200 linjer.
En el principio existía
y estaba con Dios,
y era Dios.
Todo se hizo por él.
En él estaba la vida,
y él era la luz de los hombres,
y la luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la vencieron.
¡Remólquenlos y rumbo a la costa!
¡Remolcándolos y rumbo a la costa!
¡Es otro día más en el mar!
¡Para los hombres de Galilea!
Antes de ver salir el sol
Casi todo nuestro trabajo está hecho
Así es la vida aquí en el agitado mar
Para los hombres de Galilea
Sabemos trabajar Y sabemos luchar
Y si engañando ganamos
¿A quién le importa lo que está bien?
Un hermano y un amigo
Sabemos en quién confiar y a quién burlar
Y lo mantenemos hasta el final
¡Una red llena de peces! ¡Rey del puerto!
Y es otro día más en el mar
¡Para los hombres
De Galilea!
¡Gané! De nuevo.
Hombres de Galilea.
Contemplen mi gloriosa pesca.
Tú.
Pedro. Justo a tiempo.
Como tienes las manos vacías,
tal vez tu hermanito y tú puedan ayudarme
con mi inmensa red de peces.
Enredaste nuestras redes.
Y te robaste nuestro lugar de pesca.
¿Quién haría algo así?
¿Tu lugar?
¡No sabía que Galilea entera te pertenecía, Pedro!
Al menos tengo un bote propio.
Ese es nuestro bote.
Claro, hijos de Zebedeo.
¿Y eso qué significa?
Todos saben que ese bote es de tu padre,
como todo en Cafarnaúm.
Sí. Todo excepto estos peces.
Estos me pertenecen.
Nunca te rindes, ¿no?
-Nunca. -Levántenlos.
Muy bien, pues, allá vamos.
Lo siento.
¡Fuera de mi camino!
¡No se muevan!
Hora de ponerle fin a esto.
Y no vuelvas.
Lo lamento.
¡Vuelve aquí!
Oye, Pedrito, tengo algo para ti.
Mi nombre no es Pedrito.
-Pedro. -Andrés. Rápido.
-Nuestros peces. Ya vámonos. -No, no, no.
Santiago. Ahí vienen.
Fuera de mi camino.
Vamos.
Lo siento.
Pedro.
Vamos, vamos, vamos.
¿Quieres los peces? Bien. Tómalos.
¡Más peces!
¡Hijos del trueno!
¡Hijos del trueno!
De nuevo.
Ahí está mi bello hermano pelado.
¿Acaso estoy viendo mi reflejo?
¡Hijos del trueno!
-¡Sí! -¡Sí!
Ma, ¿qué haces?
Así no es como crié a mis hijos.
Madre, intentaba frenar...
-¿Te parece gracioso? -Sí. Así es.
¿Dónde están tus peces, Abba?
Ahora no, Malaquías.
Pero ¿por qué tienes tan vacías las redes?
Porque son ladrones.
¡Los ladrones de Galilea!
Me robaron mis peces.
¿Qué pasa contigo?
Nada.
¿Nada?
Nada.
¿Llamas nada a las peleas a puñetazos?
¿Llamas nada a repartir golpes a todos a tu alrededor,
incluida tu esposa?
-No estoy repartiendo golpes. -Claro que sí.
Nos estamos ahogando, Pedro.
Estamos bien.
Volveré a acomodar las redes
y por la mañana te traeré una red llena de peces.
-Ya verás. -No se trata de los peces.
¿No se trata de los peces, Raquel?
Cantamos canciones sobre los peces.
Una red llena de peces Te vuelve rey del puerto
Más peces significan más dinero.
-Y más dinero significa... -¿Qué?
¿Qué significa?
¿Comida en la mesa?
¿Ropa en la espalda u otro bote?
Esas cosas importan, pero, Pedro...
Significa que valgo algo.
Lo que más me importa
es cuán llenas están estas redes.
Debo volver a trabajar.
Te ayudaremos a desatar los nudos.
No, puedo hacerlo solo.
-Pero quiero ayudar, papá. -No necesito ayuda de nadie.
Raquel.
Malaquías.
Avísanos cuando te importemos.
¿Tú también me vas a chillar?
Por supuesto.
¿Le darás tu abrigo?
¿Has visto su sombrero?
Le di más que eso.
¿Te conozco?
¿Y por qué estás parado en mi bote?
Tu red está vacía, Pedro.
Qué observador eres.
Debes de ser un profeta.
Está vacía aun cuando está llena de peces.
Significa que estás listo.
Oye. ¿Qué estás...?
¿Cómo que estoy listo? ¿Listo para qué?
Adentrémonos en el mar.
Adentrarnos en el mar.
Mira, Maestro.
No sé quién eres o cómo crees conocerme,
pero, si no te importa,
debo resolver esto por mi cuenta.
El bote ha zarpado, hijo de Juan.
Que no se te vaya.
-Pedro, ¿qué hace en nuestro bote? -Oye.
Miren, Pedro ha vuelto a subirse.
Debo ver esto.
Oye, Pedro. Cuando estemos en alta mar, podrías pescar la sandalia que perdí.
¡Pedro! ¿Adónde vas?
-No lo sé. -¿Y quién es ese que está con él?
¿Estás listo, Pedro?
Claro.
Remen.
Remen.
Llegamos.
¿Llegamos?
Acabo de pasar tres horas en este mismo lugar.
El mar está vacío.
Eso no es del todo cierto.
Arroja tu red, Pedro.
Del lado derecho del bote.
¿Del lado derecho?
No pescas muy seguido, ¿no?
No.
Entonces, ¿a qué te dedicas?
-A la carpintería. -¿En serio?
No puedo creer que esté haciendo esto.
Nunca te rendiste.
Mira.
Si intentas humillarme, lo estás logrando.
¡Espera, buen Pedro!
¡Es otro día más en el mar
para los hombres de Galilea!
¡Jamás he visto algo así!
Andrés, ¿empezarás a bailar o me ayudarás?
¡Sí! ¡Sí!
Dios.
No sé quién eres,
pero debes dejarme de una vez.
Soy tan solo un pescador de Galilea,
un pecador, que no es digno de tu presencia.
Pedro.
Sígueme.
Y te haré un pescador de hombres.
Andrés, sígueme.
Santiago, Juan.
Hijos del trueno, ¡síganme!
-Sí, lo haré. -¡Yo también!
Pedro. Nuestra red está repleta.
Sí. Sí lo está.
-Él es el rey del puerto. -Andrés.
Creo que es más que eso.
¡Sí!
¿Cómo lo haces?
No lo sé. La comida no deja de llegar.
Ni tampoco la gente.
Miren...
¡Ese es el niño!
El niño con la canasta milagrosa.
Jesús lo hizo, papá.
No necesitamos más.
Todos tienen más que suficiente.
Por favor.
Por favor, no molesten al maestro.
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