De første 200 linjer.
LOS ULTIMIOS DIAS DE POMPEYA
PRÓLOGO
Aunque ésta es una historia original...
los hechos y personajes son diferentes...
a los de la novela de Sir Edward Bulwer-Lytton...
pero su descripción de Pompeya ha servido...
de inspiración para la ambientación de ésta obra.
¡Ave, Gaius!
Querido Lucius, ¿novedades de Roma?
Preparan el cumpleaños del emperador.
-Iré a Roma a ver los juegos. -También festejaremos aquí.
Vamos, Gaius. ¿Y cambiar esos juegos por los de Pompeya?
¿Por qué no? ¿Qué mejor ciudad que Pompeya?
Ustedes, los locales, siempre presumen.
Con la belleza de sus mujeres, su comercio.
-Hasta con la violencia de los sismos. -Quédate a comprobarlo.
¿Para ver los sismos también?
Espero que no. Bueno, nos veremos antes de que te marches.
¡Un momento! Mire, este salvaje casi rompe sus cadenas.
Es peligroso. Haz algo. Arréglala.
Que lo haga el herrero.
Marcus. Tú, Marcus, el herrero.
-¿Qué desea? -Te tengo un trabajo.
Muy bien.
No nos esperen. Llévalos al ruedo.
Está a punto de romper este eslabón.
Es una pesadilla.
-¿Es prisionero de guerra? -De Escitia.
-Lo escogí de un lote de 200. -¿Para la arena?
Sí, abastezco a la arena con esclavos y fieras.
Pero éste es más una fiera que un esclavo.
Castíguenlo, azótenlo, pero que sirva para el combate.
¿Castigar a un hombre mientras cuatro lo retienen?
Pónganlo de pie.
Marcus, ¿qué pasó?
-¿Te lastimaste? -No, mi vida.
-Gaius Tanno, espero que esté bien. -Bien entretenido.
Ese herrero debería ser gladiador.
¿Alguna vez pensó en lucharen la arena?
No.
Soy un hombre pacifico.
-Para ser pacifista, tiene buen puño. -Eso es distinto.
Sé luchar si lo necesito.
No lucho con quien no me hace daño.
Podría hacerse rico.
No de ese modo.
Tengo suficiente.
Claro.
Cuando uno es rico, el dinero no es atractivo.
Tome esto por su trabajo...
...y esto otro, por salvarme la vida.
Justo lo que iba a cobrarle por mi trabajo.
Un hombre encadenado...
...rumbo a su muerte, como un animal enjaulado.
Al ver eso, uno valora lo que tiene, Julia.
Herrero, me despiertas interés.
Dices que tienes suficiente dinero.
Nunca había oído a nadie decir eso.
Tengo una esposa que me ama y un hijo varón.
Trabajo duro, como con abundancia y duermo tranquilo. ¿Qué más quiero?
Me recuerdas a un acróbata...
...que camina por una cuerda floja.
-¿Per una cuerda? -Sí.
Una soga del ancho de mi pulgar.
-Yo no camino por una cuerda. -Claro que sí. Como todo pobre.
Crees que tienes equilibrio, pero sólo el dinero te da seguridad.
Ante el menor imprevisto, te caerías.
Estrellado contra el suelo.
¿Qué opina tu mujer’?
Tendrá ambiciones para su hijo.
Espero que crezca y sea igual que su padre.
Eso es idílico, pero poco práctico.
Toma, cómprale algo al pequeño herrero.
Marcus, una moneda de plata.
¿Qué hacemos?
-Vayamos al mercado. -¿No deberíamos ahorrarla?
¿Y el recaudador de impuestos?
Ya tengo la reserva.
Esto ha caído del cielo. Démonos un gusto.
Llevemos al bebé a ver los títeres.
Marcus, sólo tiene seis meses.
A lo mejor le gustan los títeres.
-¿Qué sabes? -Lo que sé es que a ti te gustan.
Mi vida, ni el hombre más rico tiene el tesoro que sostengo...
...entre mis brazos.
¡Qué bonita imagen!
Buenos días, vecino. Hoy no trabajamos.
-Gaius Tanno nos dio una moneda. -Gaius, ¿el rico?
Es el primer noble con el que hablo.
-¿Lista, Julia? -Sí.
-¿Y la forja? -Al que venga.
...dile que Marcus hoy es rico y no trabaja.
¿Quieres que te compre un corte de seda?
¿Seda? ¿Para usarla cuando cocino la cena? Vamos.
-¿Cuándo podré jugar con el niño? -En no menos de una semana.
Comprémosle la pelota.
¿No íbamos a ver los títeres?
Se merece la pelota. Nunca tuvo un juguete.
Esa pelota. La blanca.
Es muy grande. Mira, casi no puede tenerla.
Le gusta.
¿Cuánto cuesta?
¡Julia!
El médico. ¡Que alguien llame al médico!
Tráiganlo a la forja. Rápido.
¿Cuánto hace que estoy en cama?
Unos días.
El médico volverá a verte pronto.
-Intenta no hablar. -¿El médico?
¿Qué dijo del bebé?
Ambos se pondrán bien pronto.
Ahora duérmete.
El médico dice que no volverá si no le pagas antes.
Tiene que venir. Le pagaré en cuanto pueda.
Dice que tiene pacientes que pueden pagarle ahora.
Ve con Calvus a casa y descansa un poco.
-Me quedaré con Julia. -No puedo.
¡Marcus!
Escucha, Marcus. Es la segunda vez que vengo.
-No me iré sin el importe. -Que no escuche mi mujer.
-¿Y mi dinero? -Te dije que lo tenía aparte para ti.
Pero tuve que pagar el médico y los remedios.
Vine a cobrar los impuestos.
-Dame tiempo. -Ya se te acabó.
-Saquen a la mujer. Vacíen la casa. -No. Está enferma.
-No puedes ponerlos en la calle. -Escucha.
No quiero hacer esto, y lo sabes.
¿No puedes pedir prestado?
Mis vecinos son pobres como yo.
Gaius Tanno. Él me ayudará.
¿Lo conoces?
Fue muy generoso. Le regaló una moneda de plata a mi hijo.
Espera hasta mañana. Gaius me dará dinero.
Tienes hasta la noche. Ni un minuto más.
Pídele a tu mujer que cuide a Julia.
¿Está loco o ebrio? No puede pasar.
-Es de vida o muerte. -Para mí también.
¿Sabe qué me hará Gaius si lo dejo pasar?
-Me desollará. -Fue generoso conmigo.
Quiero un poco de dinero. Estoy desesperado.
-Peligran dos vidas. -La vida no vale nada en Pompeya.
Déjeme ver a Gaius.
Si da problemas, acabará preso.
Vaya a la arena si quiere pelear. Allí pagan por luchar.
-De acuerdo, pareces fuerte. -¿Me pagarán por esto?
Demuestra que sabes pelear y entretener. Te llevarás una o dos monedas de oro.
Pero debes brindar un espectáculo, ¿entendido?
Busca tu espada y un escudo.
Tengo el dinero. Llama al médico. Vendrá.
-Es tarde. -He traído dinero.
Marcus, amigo. Ya es tarde.
No se enteró cuando murió el pequeño.
¡Pobre amigo mío!
Pobre.
Pobre e idiota.
Perdí todo el amor que tenía por ser pobre.
Hace un año...
...hace una semana, pude haberlos salvado.
-Toda mi vida he sido un imbécil. -Tranquilo, Marcus.
Es el precio que se paga por saber lo que es el mundo.
Lo más importante es el dinero.
Entonces ganaré dinero.
Es fácil ganarlo.
Todo lo que tengo que hacer...
...es matar.
El dios de la guerra en persona.
Conocí a Marcus cuando era herrero.
Hoy me hiciste ganar 1000 monedas de oro.
Aunque el Lobo note lo puso fácil.
-Sabía luchar. -Vamos por Petronius.
-Me debe 500. -Y a mí, 1000.
Espera aquí.
Ni siquiera el gran Marcus puede matar con la conciencia limpia.
Me da lástima.
¿Qué?
¿Te doy lástima?
¿A ti, un esclavo?
Todos somos esclavos.
-Yo, usted, mi amo. -Él es un hombre rico.
El dinero no importa.
Idiota. Lo más importante es el dinero.
Sin él, ¿quién cuida de un hombre? ¿Quién lo escucha?
A mí me escucharán.
-¿Y quién va a cuidarlo? -Nadie.
Bien hecho, Marcus.
-¡Qué buena lucha! -El mejor luchador del imperio.
Marcus, ¡qué gran luchador!
¿Te acuerdas de mí? Una vez me salvaste la vida.
Yo no salvo vidas.
Muy bien, eres astuto.
No habrás olvidado a Cleon, el vendedor de esclavos.
En tu forja, casi me mata un prisionero de Escitia.
Sí, me acuerdo.
¿Por qué lo habré detenido?
No sé por qué me desprecias, amigo mío.
¿No estamos en lo mismo?
Los dos proveemos diversión a la gente.
Sí, pero yo arriesgo mi vida.
Tú compras y vendes desgraciados para que los liquiden.
No me enorgullece lo que hago, pero al lado tuyo, soy un santo.
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