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Cuentan que hace mucho, mucho tiempo,
en el reino subterráneo,
donde no existe la mentira ni el dolor,
vivía una princesa que soñaba con el mundo de los humanos.
Soñaba con el cielo azul,
la brisa suave y el brillante sol.
Un día,
burlando toda vigilancia, la princesa escapó.
Una vez en el exterior, la luz del sol la cegó
y borró de su memoria cualquier indicio del pasado.
La princesa olvidó quién era y de dónde venía.
Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor.
Y, al correr de los años, murio.
Sin embargo, su padre, el rey,
sabía que el alma de la princesa regresaria,
quizá en otro cuerpo,
en otro tiempo, y en otro lugar.
Yél la esperaría hasta su último aliento,
hasta que el mundo dejara de girar...
No entiendo para qué has traído tantos libros, Ofelia,
si vamos al campo, al aire libre.
Hm... ¿Cuentos de hadas?
Ya estás mayor para llenarte la cabeza
con tantas zarandajas.
Di que paren el coche, por favor.
Ofelia, Ofelia... déjame un momento.
Tu hermano no se encuentra muy bien.
Señora, ¿se encuentra bien?
Señora, ¿necesita algo?
No es nada. Sólo déme un poco de agua.
IAgua! Agua para la esposa del Capitán. Agua, vamos.
¿Ofelia?
Ofelia, ven.
He visto un hada.
IPero mira cómo te has puesto los zapatos!
Vamos.
Cuando lleguemos al molino, quiero que saludes al capitán y le llames padre.
No sabes lo bueno que ha sido con nosotras, hija.
Es una palabra, Ofelia, no es más que una palabra.
ICapitán, ya vienen!
15 minutos tarde.
Carmen.
Bienvenidos.
No me hace falta. Puedo andar perfectamente.
Pero el Dr. Ferreiro prefiere que no hagas esfuerzos.
No.
Anda. Hazlo por mí.
Gracias.
Ofelia, sal.
Saluda al Capitán.
Ofelia.
Es la otra mano, Ofelia.
IMercedes! Que suban el equipaje.
Sí, señor.
Es un laberinto.
Un montón de piedras muy viejas que han estado siempre ahí.
Antes, incluso, que el molino.
Mejor que ni te acerques. Te puedes perder.
Gracias.
¿Los has leído todos?
IMercedes!
La llama el Capitán.
Tu padre me necesita.
No es mi padre.
El Capitán no es mi padre.
Mi padre era un sastre. Se perdió en la guerra.
El Capitán no es mi padre.
Me ha quedado claro. ¿Vamos?
¿Has visto a mi madre?
Sí.
¿Verdad que es guapa?
Sí.
Está enferma por el niño. ¿Lo has notado?
La guerrilla se ha echado al monte
y ahí es más difícil cazarlos.
Esosjodidos conocen el terreno mejor que nadie.
Vamos a bloquear el acceso al monte.
Comida y medicinas: Todo se racionará desde nuestra bodega.
Hay que hacerlos bajar de ahí, que vengan a nosotros.
Quiero tres nuevos puestos de vigilancia: Aquí, aquí y aquí.
Mercedes.
Dígale al Dr. Ferreiro que baje a verme.
Sí, señor.
Con esto dormirá Ud. Toda la noche.
No más de dos gotas antes de acostarse.
Dos gotas.
Muy bien.
Todo... todo... Muy bien.
No dude Ud. En llamarme si me necesita, de día o de noche.
Ud. O su enfermera.
Buenas noches.
Por favor, cierra la puerta y apaga la luz, cariño.
Tiene Ud. Que subir a verlo.
La herida no mejora. La pierna se le está poniendo muy mal.
No he podido conseguir más.
Lo siento.
Vidal le espera en su despacho.
Ofelia, ven aquí.
Virgen santísima, tienes los pies helados, mi amor.
¿Tienes miedo?
Un poco.
¿Qué es ese ruido?
Nada, hija; es el viento.
Las noches aquí son muy distintas a las noches de la ciudad.
Allí se oyen los coches, los tranvías.
Y aquí las casas son viejas.
Gruñen.
Casi parece que hablan.
Mañana te voy a dar una sorpresa, ya veras.
¿Una sorpresa?
Sí.
¿Un libro?
No, algo mucho mejor.
¿Por qué tenías que casarte?
Estuvimos solas tanto tiempo...
Yo estoy contigo. No estabas sola.
Nunca has estado sola.
Algún día entenderás que para mí tampoco ha sido fácil.
Tu hermano está un poco inquieto.
Anda, cuéntale uno de tus cuentos.
Seguro que se calma.
Hermano, hermano...
Hace muchos, muchos años,
en un país muy lejano y triste,
existía una enorme montaña de piedra negra y áspera.
Al caer la tarde,
en la cima de esa montaña,
florecía todas las noches
una rosa que otorgaba la inmortalidad.
Sin embargo, nadie se atrevía a acercarse a ella
pues sus numerosas espinas estaban envenenadas.
Entre los hombres sólo se hablaba del miedo a la muerte
y al dolor, pero nunca de la promesa de la inmortalidad.
Y todas las tardes, la rosa se marchitaba,
sin poder otorgar sus dones a persona alguna...
olvidada y perdida en la cima de aquella montaña de piedra fría,
sola, hasta el fin de los tiempos.
Pase.
¿Cómo la encuentra?
Muy débil.
Descansará lo que haga falta.
Yo dormiré aquí abajo.
¿Y mi hijo?
¿Perdón?
Con su permiso, mi Capitán...
Mi hijo, ¿cómo está?
Por el momento, no hay motivo de alarma.
Muy bien.
Capitán, su mujer no debió haber viajado
en un estado tan avanzado de embarazo.
¿Esa es su opinión?
Mi opinión profesional, sí, señor.
Un hijo debe nacer dondequiera que esté su padre.
Eso es todo.
Otra cosa, Capitán.
¿Quién le ha dicho a Ud. Que la criatura es un varón?
No me joda.
A las 20:00 h se detectó actividad en la zona noroeste.
Disparos.
El Sgto. Bayona peinó el área y capturó a un sospechoso.
El otro es su hijo, que ha venido del pueblo.
Capitán, mi padre es un hombre honrado.
Eso lo decido yo.
Descúbrete cuando estés delante de mí.
Al detenido se le encontró este arma. Ha sido disparada.
Mi padre estaba cazando conejos, Capitán.
Que te calles, coño.
¿"Ni Dios, ni Patria ni Amo"?
Así, con dos cojones.
Propaganda roja, mi Capitán.
No es propaganda, señor.
Es de un almanaque viejo, mi Capitán.
Somos agricultores.
Siga.
Fui al monte, Capitán... para cazar conejos.
Para mis hijas, que están enfermas.
Conejos. Vale.
Capitán, si mi padre lo dice, cazaba conejos.
Me lo ha matado, ime lo ha matado!
IAsesino! IHijo de puta!
A ver si aprenden a registrar a esta gentuza
antes de venir a molestarme.
Sí, mi Capitán.
Madre.
IMadre, despierta!
Madre, hay algo en la habitación.
Hola.
¿Me seguiste hasta aquí?
¿Eres un hada?
Mira.
Esto es un hada.
¿Quieres que vaya contigo?
¿Afuera? ¿Adónde?
¿Hola?
¿Hola?
IEco!
Eco.
¿Hola?
¿Hola?
¿Sois vos?
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