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BASADA EN LA NOVELA DE E.M. FORSTER
Charles, eso no es de caballero.
Y no se preocupe, Sr. Wilcox.
No se puede ser caballero en el juego.
Tiende a sacar el animal que todos tenemos dentro.
¡Evie, no es justo!
Queridísima Meg: Me estoy divirtiendo mucho.
Me gustan todos.
Son la familia más feliz y alegre que puedas imaginarte.
Lo divertido es que creen que soy una tonta
y me lo dicen. El señor Wilcox al menos.
Meg, ¿cuándo aprenderemos a hablar menos?
Pero, mi querida Meg,
no se qué decir ni qué dirás tú.
Paul Wilcox y yo estamos enamorados.
Nos comprometimos.
Annie.
Vaya, estas niñas Schlegel.
Tibby, mira.
Margaret, si me permites interferir, ¿qué rayos está sucediendo?
No sé qué decir, tía Juley. Sé lo mismo que tú. Sé...
Conocimos a los Wilcox recién en la primavera,
durante nuestras caminatas en Alemania.
Dios mío.
Alguien deberá ir hasta la Casa Howard y averiguar.
- Howards End. - No, Margaret, es necesario averiguar.
¿Qué conocemos acerca de estos Wilcox? ¿Son como nosotros?
¿Gente apta?
Pero ¿qué importa todo eso, tía Juley?
Helen está enamorada.
Eso es todo lo que necesito saber.
¿Podrías traerme el horario del tren, querida?
Buen día.
Buen día.
¿Paul?
Me temo que Crane se enfermó nuevamente.
Debió llevarme hoy a los Warrington para jugar al tenis.
Le avisé.
Está fingiendo, por supuesto.
Deberías despedirlo, papá. Contrata a otro chofer.
Nos vamos, mamá. Adiós.
Charlie, espera.
- ¿Qué? - ¿Papá está allí?
Esperen un segundo.
Tenemos algunas cerezas.
Evie.
¡Bien, nos vamos!
Adiós.
Acerca de anoche.
No pasó nada.
Temo que me confundí.
Sí, ambos lo hicimos.
Debió ser la luz de la luna,
aunque no había luna.
Bueno...
...no tiene importancia.
¿Te importa?
No.
Verás, no tengo ingresos propios,
y todavía debo triunfar en Nigeria.
Es desagradable para una mujer blanca,
por el clima, los nativos y todo eso.
Eres una chica estupenda.
No te preocupes.
Nadie sabe nada.
¡Meg! Le escribí a mi hermana.
No lo hiciste.
Sí, lo siento.
Mira, seguro que vendrá.
Debemos detenerla.
Le enviaremos un telegrama.
Crane está enfermo.
¿No hay una bicicleta?
Sí, en alguna parte.
Un chelín y tres peniques, señor.
M.J. Schlegel, Seis Wickham Place, Londres, oeste.
Querida Meg: Se canceló.
Desearía no haberte escrito.
No le cuentes a nadie.
Helen.
Disculpe, busco un lugar llamado Casa Howards.
¿Mi paquete?
- Lo tiene el maletero. - ¿Sí?
Señor Wilcox, esta dama busca Howards End.
Disculpe la pregunta, ¿es el mayor o el menor de los Wilcox?
El menor.
La estación está desordenada.
Por mí, los habría despedido a todos.
- Gracias, Bernard. - Gracias, señor.
Debería presentarme.
Soy la tía de la señorita Schlegel.
Sí. La Srta. Schlegel se queda con nosotros.
- Sí, lo sé. - ¿Desea verla?
Me gustaría mucho.
Puedo llevarla en automóvil.
Todos los Schlegel son excepcionales.
Son británicos hasta la médula,
pero su padre era alemán,
y es por eso que se interesan en la literatura y el arte.
Espere un minuto.
¡Wilcox, Howards End!
Sepa que no vengo con ánimo de entrometerme.
Estoy aquí representando a la familia y para hablar con usted
sobre Helen, señor Wilcox.
Mi sobrina y usted.
¿La señorita Schlegel y yo?
Espero que no haya habido un malentendido.
Es cierto que estoy comprometido
pero con otra dama, no con la señorita Schlegel.
Helen nos escribió, señor Wilcox.
Nos contó todo.
Dios mío, debe ser alguna locura de Paul.
Pero usted es Paul.
No es así.
¿Por qué dijo eso en la estación?
- No dije eso. - Discúlpeme, pero lo hizo.
Discúlpeme, pero no. Mi nombre es Charles.
¿Usted quiere decir que Paul y su sobrina...?
¡Qué idiota!
¡Maldito imbécil!
Mire...
...le advierto. No tiene sentido.
- Paul no tiene un centavo. - No necesita advertirnos.
La advertencia la hacemos nosotros.
Él no ha dicho nada,
mientras que su sobrina no perdió tiempo en anunciarlo.
Si yo fuera un hombre, señor Wilcox,
lo abofetearía por ese comentario.
No es digno de compartir techo con mi sobrina.
- Lo único que sé es que divulgó... - Ni de limpiar sus botas.
- ¿Me deja hablar, por favor? - ¡Me niego
a discutir con usted!
¡Déjeme bajar del auto ahora mismo!
- ¡Ni piense en pararse! - ¡Deténgase!
- ¡Siéntese! - ¡Deténgase!
- ¡Deténgase! - ¡Siéntese!
Dios mío, quédese...
Bájelo.
Está bien.
UNOS MESES DESPUÉS
Creo que se reconoce ampliamente
que la quinta sinfonía de Beethoven es el ruido más sublime
que haya penetrado el oído humano.
Pero ¿cuál es su significado?
No podemos dejar de reconocer en esta música un gran drama,
la lucha de un héroe acosado por el peligro,
cabalgando hacia una magnífica victoria y triunfo final,
manifiesto en el desarrollo del primer movimiento.
Quisiera llevar su atención al tercer movimiento.
Donde ya no oímos al héroe,
sino a un duende.
Gracias, mamá.
Un duende solitario
Caminando a través del universo
Desde el principio hasta el fin
¿Por qué un duende?
¿Disculpe?
¿Por qué un duende?
Es obvio.
El duende significa el espíritu de la negación.
Pero ¿por qué específicamente un duende?
Pánico y vacío. Eso significa el duende.
Menor, el pánico.
Mayor, magnífico.
Un héroe, triunfante.
Señorita.
Perdóneme, señorita, mi paraguas.
Señorita.
¡Señorita!
¡Señorita!
Señora Wilcox, no dejaré que se moje su vestido.
Apúrate, Charles.
¡Vamos!
¡Entra!
¡Paul, tienes mi sombrero en tu mano!
Adiós.
Nos vemos allí.
Qué insólita mala suerte.
En todo Londres no encontraron otro apartamento para alquilar
que el que está frente a la ventana de nuestra biblioteca.
¿Quién no encontró apartamento?
Tibby.
Me refiero a los Wilcox.
Seguro que recuerdas ese asunto del verano pasado entre Helen y Paul Wilcox.
Paul Wilcox.
¿A quien debería haberle dado la paliza de su vida?
¡Señorita!
¿Qué pasa?
¿Tibby está enfermo?
Tibby está preparando té.
Bueno, podría ser peor.
Helen, algo extraño ocurrió.
Prométeme que no te preocuparás.
Son los Wilcox.
Alquilaron el apartamento de enfrente
para la boda de su hijo. El otro hijo.
Te afectó.
¿Paul Wilcox señalará nuestra casa y dirá:
"Allí vive la chica que intentó agarrarme"?
Ridículo.
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